martes, 26 de octubre de 2010

Voluntad de enseñar y deseo de aprender



Monumento al Maestro en Conil de la Frontera 

No es infrecuente que de cuando en cuando afloren reflexiones muy críticas sobre la tarea de enseñar e incluso advertencias que provocan la inquietud. “En la actualidad – señaló no ha mucho un medio de comunicación de gran alcance- la educación es fuente de malas noticias, desinterés, visiones enfrentadas, perplejidad, y falta de entusiasmo, mientras los centros escolares, alejados como están del poder, la belleza, la ciencia o la cultura a gran escala,  son marginales”. Al leerla lamenté que quizá esa apreciación no se alejase en exceso de la realidad, aunque al tiempo tuve también muy claro que en el complejo y controvertido mundo de la enseñanza, en que nos movemos quienes con ilusión ejercemos este oficio, sabemos que los centros escolares encierran cabezas, pensamientos, sueños y esperanzas, albergan a nuestros niños y jóvenes, guardan nuestro futuro.           
Estas percepciones afloran cuando en el día a día, y sin esperar otra cosa que la atención y el respeto, tratamos de enseñarles, de transmitirles lo que sabemos. Tenemos entonces la sensación de controlar nuestro futuro, conscientes de que el incierto porvenir está  en las mentes y en las manos de quienes enseñamos, ya que en un mundo donde se carece una visión a largo plazo, donde el escándalo domina  como espectáculo y la información resulta abrumadora, la labor de enseñar amplia el horizonte de los saberes a la vez que selecciona la información para convertirla en conocimiento.
En realidad los centros escolares dedican su tiempo y su trabajo al desarrollo del saber y a la defensa de principios tantas veces olvidados en el devenir cotidiano. Y eso, que es lo esencial de nuestro trabajo en las aulas, ese primer espacio de encuentro con el universo, no siempre es tenido en cuenta ni suficientemente valorado. Debido sin duda a la lentitud de los resultados obtenidos, la nuestra es una carrera de fondo, en la que solo a veces se tiene  certeza  del resultado, como la pacífica y constante marea con la que penetramos en el saber y la prolongada satisfacción a la que este saber conduce. En su obra “La lengua absuelta” que recomiendo a todos aquellos que sientan pasión por la educación, Elias Canetti describe a su profesor más querido en la adolescencia: “no se esforzaba – dice-  en crear distancias, ni consideraba la autoridad externa como un valor absoluto y eterno, en su presencia  vivíamos en un campo de fuerzas emocionales. Quizás  existan hombres realmente venturosos incapaces de inspirar temor “            .
Y es que “cuando las horas decisivas han pasado, es inútil correr para alcanzarlas”, nos advirtió Sófocles. Recurro a menudo a esta frase para convencerme de la necesidad, en esta etapa crucial de la vida, de mantener despiertas las cabezas de los alumnos, cuidar sus sueños, alentar sus esperanzas, agrandar su mirada, ensanchar sus horizontes, abrir los largos caminos de sus vidas, desbloquear las barreras que tantas veces dificultan el porvenir  En ello insistía Voltaire al afirmar que “el futuro no es  de quien espera sino de quien sabe prepararse”.
            A lo largo de más de treinta años de docencia he visto todo esto en sus ojos y mucho más. He visto su preocupación, su incertidumbre, también un hondo sufrimiento vital, desmesurado para su edad; no se me han ocultado tampoco las sensaciones de lo imposible, su sorpresa ante lo desconocido y la alegría por los logros alcanzados. He sentido como propia  la alegría desbordante en pasillos y recreos y en el reencuentro de la vuelta he visto su pasión por la amistad, percibiendo en todos ellos, o en un gran mayoría, el hondo sentido de la justicia que plasman y transmiten en cada gesto.
            He de reconocer que en mi trabajo docente partí con ventaja. Tuve un gran maestro, mi padre, que ante las dudas, me dijo siempre con firmeza: primero, al alumno hay que quererlo; después, hay que enseñarle y, finalmente, hay que  exigirle. Sin emoción no se enseña nada ni se aprende nada, de modo que el orden de estos factores es inalterable, pues si se comienza  por el final nunca se llegará al principio y el fracaso será seguro. Es así como se enseña, valorando actitudes, cualidades, éxitos y  no solo  destacando  fracasos  o creando dificultades insalvables.
            León Tolstoi, en sus “Memorias de infancia y juventud”,   dice “que es tan fuerte la influencia de los elogios no solo en el ánimo, sino también en la inteligencia del hombre que sentí que mi talento adquiría un nuevo vigor y que las  ideas afluían a mí imaginación con rapidez extraordinaria”, pues, como él mismo insistió, “en las almas jóvenes todas las energías están orientadas hacia el porvenir.”
Los profesores discutimos de planes, programas, leyes y novedades burocráticas. Lo hacemos tanto en las reuniones obligadas de trabajo como en la cotidianidad de los encuentros,  donde hablamos de ellos, de nuestros alumnos, extraordinariamente diversos, de sus éxitos y de sus problemas, que son también los nuestros. En realidad hablamos de educación, conocemos de cerca lo que ocurre en los centros, y quizás eso ya sea suficiente, convencidos de que, por un momento, el mundo está en nuestras manos.
            Si sabemos hasta qué punto una idea simple y repetitiva conduce al autoritarismo y a la intolerancia, la actitud a defender no debe ser otra que la que aboga por la pluralidad necesaria, por la complementariedad de enfoques y perspectivas, de visiones y posibilidades. En definitiva, se trata de  un trabajo complejo, imbricado en el conocimiento de la realidad social, en la medida en que es el futuro de la sociedad lo que está en juego, en sintonía con la certera afirmación de John Rawls  cuando señala “que el valor de la educación consiste en favorecer el desarrollo humano y el desarrollo de las sociedades, lo que requiere un gran esfuerzo de  medios para alcanzar la igualdad que es el intento más eficaz de cohesión social”.

Quiero dar las gracias a mis jóvenes alumnos y alumnas, rescatar a los miles que han pisado las aulas del edificio más habitado de mi vida, por su esfuerzo, respeto, atención y valor y quiero darles las gracias por compartir  por más tiempo los nobles impulsos de la juventud, lo que  a veces los años nos arrebatan en aras de la madurez. El futuro es una carrera entre la catástrofe y la educación, decía  Kennedy en su  campaña electoral de los sesenta. El de la educación no es otro que el que se apoya, más allá de los formalismos y experimentos de turno, en las posibilidades que derivan de la voluntad de enseñar y el deseo de aprender. 

viernes, 7 de mayo de 2010

En la soledad del tiempo y del espacio. En recuerdo de Julio Valdeón

Dediqué este poema a Julio Valdeón Baruque tras su fallecimiento. Fue incluido en la obra de homenaje - "La profundidad del tiempo" - publicada con tal fin por la Editorial Ámbito  en 2010


En la soledad del tiempo y el espacio
Mirarte sin verte y oírte sin que pronuncies palabra
Escucharte en silencio, recordar el pasado, valorar los múltiples reencuentros
Desde la primera juventud nos deslumbraste,
nos hiciste tus amigos a los que sólo confiábamos en conocerte
Conversador infatigable, de espíritu dialéctico
Siempre atento a todos los sucesos del mundo, de la vida, de las gentes de tu vida
Hablar de todo, menos hablar de ti
Interesarte por todos, sin interesarte por ti
Conocimos tu perseverancia, tu trabajo infatigable
Tu falta de habilidad con  los objetos cotidianos
Ese torpe aliño que Maria Elena, tu imprescindible compañera,
suplía con  acierto hasta hacer de ti un caballero andante,
un hombre elegante de mil hazañas y andaduras
Interminables en esta tu Castilla natal, en esta España que aspirabas a mejorar
El deseo, la ilusión, el empeño por un nuevo mundo posible,
sin desigualdades, en pos  de la justicia.
Tu fuerza valerosa  en tiempos difíciles
Palabras y libros fueron tus herramientas de trabajo
Son las que has dejado dispersas por casas, bibliotecas y Universidades del mundo
Al final lo tuviste siempre claro:
verba volant, scripta manent.

lunes, 18 de enero de 2010

En el centario del poeta Francisco Pino


Mi amistad  con Francisco  Pino fue tardía y  fugaz, pero a la vez profunda como un rayo, y me dejó una imagen imborrable de su persona y de su obra. Todo comenzó cuando una amiga común, Esperanza Ortega, me sugirió invitarle al que había sido  su Instituto en Valladolid para que diera un recital de poesía. No lo dudé un segundo y una severa y heladora  mañana de comienzos de diciembre de 1998, mientras la nieve cerraba la  escasa luz invernal, le recibí en la entrada del Instituto Zorrilla; llegó tarde debido a las inclemencias del tiempo desde su Pinar de Antequera, el público, unos trescientos quinceañeros, ellos y ellas , ya saben, estaba inquieto. Pero no se  si fue su elegancia innata, su atractivo natural, su voz o su palabra, lo que hicieron que se creara un ambiente de auténtico y sereno placer en la sala, que seguramente esos alumnos no olvidarán nunca.
            Les habló de su infancia en Valladolid, de sus clases y profesores en el Instituto, de sus estudios en el extranjero, de sus poeturas, y finalmente comenzó una imparable lectura de sus poemas. No preparamos para el evento visión alguna que le acompañara, solo su voz , su palabra y su presencia llenaron la sala de entusiasmo, diría incluso de pasión cuando leyó ese verso, dijo él, que describía a su amada desde los dedos del pié a la  nariz , su belleza, en esa locura del verano de 1936 en Madrid.
            Al final  fue un aplauso continuado y  sentido , como ellos saben cuando de verdad quieren darlo. El me decía "pues no son tan malos estos chicos como dicen, ¿no?" Estaba entusiasmado recorrió las aulas, los laboratorios, los pasillos, quiso ver los claustros, el patio del recreo, recorrimos el edificio  del que tenía recuerdos imborrables. No volví a verle, pero su elegancia fue tal que en la Navidad de ese año me obsequió,nada menos , que con una poetura a mi humilde persona, que conservo como oro en paño, agradeciendo con verdadero afecto la invitación  de la que seremos eternos deudores.
            Tengo tal recuerdo de él que les haré una recomendación para visitar la exposición de la calle la Pasión que conmemora el Centenario de su nacimiento  1910 – 2010, tengan la mirada puesta en lo pequeño, en los trazos, dibujos, poeturas y textos que Francisco  Pino nos dejó, tengan cuidado que no les cieguen las aberrantes copias, por cierto muy bien enmarcadas que tratan de agrandar su ya gigantesca obra y que a mí tanto me perturban, pues parece que  equivocan  al extremo a la  persona y a la obra de Francisco Pino, vayan al fondo y recuerden  sus versos:

                        “ Nada de verdad
                        nunca verdad de nada “



            

domingo, 20 de diciembre de 2009

Dar nombre a la historia: en recuerdo de Félix Madera

Aunque la Historia es con frecuencia anónima y carece de protagonistas conocidos, resulta herramienta aleccionadora cuando saca a la luz sucesos que sirven para rescatar del anonimato a quienes los vivieron y protagonizaron. El azar me ha llevado a conocer uno de los que, al descubrirlo, conmueven las conciencias. Ocurrió en Valladolid al poco de comenzar la guerra civil.


Veo casi a diario a la nieta de Félix Madera García, obrero que fue de los talleres del ferrocarril. Sentía la necesidad de comentárselo a alguien, de que su experiencia no cayese en el olvido. En una ocasión me mostró un pequeñísimo anuncio aparecido en El Norte de Castilla del 17 de Diciembre de 1936. Me dijo que lo había encontrado en la cartera de su padre, Ovidio Madera Ramos, cuando había  fallecido y  que nunca  antes lo había visto. Lo había guardado en lo más profundo de su memoria. Aludía a ajusticiamientos civiles del siguiente modo: “Esta mañana, a las siete y cuarto, han quedado cumplidas las sentencias de pena de muerte impuestas en Consejo de Guerra a los procesados Félix Madera García, Manuel Holgado García, Anastasio Holguín Rodríguez, Daniel Martín Rodríguez...dictada por Consejo de Guerra el 13 de Noviembre de 1936”. Cuatro historias trágicas, que ahora no puedo detallar.
Me señaló también que, días antes, dijeron a su esposa que “si quería el cuerpo, debía recogerlo justo después del fusilamiento. Mi abuela Elisa, mi padre de catorce años y otra  persona subieron al alto de San Isidro con una carreta de las que se utilizaban para transportar cántaros de agua, llevando la caja en la que debían enterrarlo. Pero no pudieron hacerlo en la tumba familiar, sino en un terreno habilitado para los  “rojos” en el cementerio, entrando  a la derecha“. Al fin, y en un ambiente de confianza hacia mí, las preguntas, tantas veces ocultas, afloraron inevitablemente y así me las transmitió: “¿Por qué le habrían condenado?”, “¿qué hizo para que eso ocurriera?”. Mi respuesta no podía ser otra: “Todo eso, le dije, consta en los archivos, que tienes derecho a consultar libremente”, mientras recordaba aquella frase de Leon Tolstoi en la que dice que “todas las familias felices son iguales; pero que cada familia infeliz lo es a su manera”.
            Sorprende que, dos años más tarde de haber sido fusilados, el Juzgado Militar Nº 8 de la Séptima Región Militar abra un Expediente de Responsabilidad Civil contra los ya ejecutados para determinar en la que hayan podido incurrir como consecuencia de su “rebelión contra el Movimiento Nacional”. El 20 de Enero de 1939 se les condenará, ya muertos, a pena de muerte, “para que quede declarada ya por sentencia firme la culpabilidad, al resultar civilmente responsable por su actuación contraria al Movimiento  Nacional”, a la vez que “se decreta el embargo de todos sus bienes”. En el caso que nos ocupa, la acción se aplica a “Félix Madera García, de 37 años, casado, ferroviario… de profesión  montador de la Compañía de los Ferrocarriles del Norte de España, afiliado al Partido Socialista y a la U. G. T., directivo secretario de dicha organización. Con gran ascendiente sobre los correligionarios suyos que le consultaban. Recaudador del Socorro Rojo Internacional. Según consta en los informes de la Administración de propiedades y Contribución Territorial del Estado, examinados todos los libros de registros, no posee cantidad alguna en cuenta corriente  ni depósitos en efectivo ni valores ni alhajas de ninguna clase, ni en concepto de propiedades rústica y urbana. Deja esposa y dos hijos de 10 y 14 años”.
Pese a la minuciosidad de los informes, llama la atención que de nuevo, el 27 de Agosto de 1940, se reclame a los familiares la declaración de los bienes de los fallecidos y su incautación, tal y como figura en el Expediente del Tribunal d Responsabilidades Políticas de Valladolid. En su respuesta, la viuda de Félix Madera, Elisa Ramos  Herreras, manifestará “que no posee bienes de ninguna clase, teniendo como únicos ingresos el jornal de 4,75 pts. que percibe como taquillera del Cinema Lafuente de esta capital, viviendo en compañía de su padre desde la muerte de su esposo,  que tiene dos hijos y no tiene deudas”. Hasta 1945, nueve años después de su fusilamiento, no se cerrará el expediente de incautación de bienes a los cuatro trabajadores juzgados y sentenciados con sendas condenas de pena de muerte varios meses después de que fueran ejecutados.   
            La vida de esta familia, sumida hasta ahora en el anonimato y a la que he conocido por mera casualidad, ha transcurrido en la soledad helada, en el silencio total,  abatida por el recuerdo de su abuelo y por los acontecimientos vividos en aquel atroz verano de 1936. Así lo recordaría siempre el padre de quien me ha hecho llegar esta historia, cuando tras la ejecución del suyo, y con apenas 13 ó 14 años, es llevado en un camión al pinar junto con otros, en plena noche, solo a la luz de los focos del camión y solo ante la muerte inconcebible. En ese duro trance uno de los captores, al verle, dice en alto: “¿ Pero que me traéis  aquí?. Es solo un chaval; anda,  corre,  marcha de aquí”. Se echa a correr sin senda, sin camino conocido, se tropieza, cae, vuelve a emprender la huída, sin mirar, sin ver, sin querer oír los gritos, las descargas, hasta que, aterrorizado, cae agotado. Con las primeras luces del día, buscará  las vías del ferrocarril que lo devuelven a su casa. Así reemprendió la vida, con el dolor en el alma  y con el  recuerdo de su  padre que conservó, silencioso, en la cartera hasta su muerte.
Dice Albert Camus que fue en España donde los hombres aprendieron que es posible tener razón y aún así sufrir la derrota. Esto es lo que explica por qué tantos hombres en el mundo consideran el drama español como su drama personal.


lunes, 16 de noviembre de 2009

La mirada y el coraje de Caty Montes


Hay en Valladolid una mansión recoleta, sobria y entrañable entre los árboles que conserva el tiempo, dinamiza el espacio e invita a la visita, y que cada viernes abre sus puertas al futuro de esperanza con el que sueña Catalina - Caty -  Montes, siempre exquisita, elegante, discreta y generosa. Culta y sencilla. Su figura es inconfundible, se integra plenamente en ese ambiente de cultura, amistad y tolerancia que ha sabido tan bien fraguar y en el que tantos nos sentimos reconfortados, obedientes a la cita convocada con la intención de hacer de la palabra y del arte los ingredientes fecundos de un espacio de encuentro que jamás se desvanece.  




Te veo a veces, Caty,  con la mirada perdida, absorta, mas atenta, manteniendo el tipo, con tu silencio a flote, con tu interior protegido, cerrado, abierta, como estás, a cuanto ocurre a tu lado, sensible a la causa de todos los perdidos y desheredados, incluso, a los que se saben perdedores sin fortuna, sin futuro ni esperanza. No es simple cobijo lo que ofreces, sino escenarios múltiples propicios para el encuentro y la complicidad en lo que de más hermoso e interesante tienen el hecho mismo de crear y la amistad que se teje en torno a él.
Eres en realidad una triunfadora, con un destino sin límites, de horizontes que no se cierran. Dice Sándor Marai que la gente que vale hace las cosas hasta el final. Nunca se rinde e incluso se crece en el infortunio, que convierte en desafío y en actitud de rebeldía superadora. Así eres tú. Así serás. Confieso que tengo envidia, a la par admiración, de esa decisión acertadamente tomada, atrevida y definitiva, de escapar a la rutina del tiempo, de no resignarte a la desgracia, de ratificar tus propósitos, logrando que, veinte años después de la tragedia que asoló la Universidad Centroamericana, donde estaban los tuyos, y que supuso un  momento terrible de tu vida, decidieras  mantener en plena fortaleza tus proyectos de solidaridad en esa tierra distante y necesitada que es El Salvador. No en vano, con el coraje que te caracteriza, has permanecido fiel a ese  lema vivificador de dar despensa y escuela, de crear un entorno de supervivencia en pro de los más débiles, de recoger las esperanzas, de eliminar barreras, de alentar el futuro, haciendo que el futuro exista.















El dia 4 de diciembre de 2009, Caty pronunció una conferencia en el IES Zorrilla. En el centro de la imagen, está acompañada - de izda. a derecha- por Dolores Nieto, Fernando González, Carlos Duque (director) y Maria Antonia Salvador

Creo que a veces te invade la soledad, que guardas el dolor, ese sentimiento que nunca transmites; ajena a tantas cosas, y vigilante en tantas otras, conservas la pasión por la belleza, el arte, la música, la poesía, la solidaridad, los aspectos más bellos del alma humana, los que nos hacen grandes. Tu aparente fragilidad nos fortalece, mientras  te seguimos en este camino incierto de nuestras vidas. Decidiste un día ampliar tu mirada transoceánica, mantenerla sin pausa, apropiarte de lo que significan aquellos mundos que tanto nos necesitan para transmitirlo a los demás. Enhorabuena, Caty, por tu recorrido vital, por tu crítica sosegada y lúcida, por tu sentido de la solidaridad, por las sensibilidades que despliegas e integras. Gracias por enseñarnos tantas cosas sólo con la mirada. Tu mirada que no cesa.
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Catalina Montes falleció en Valladolid el 4 de abril de 2011. La Fundación que lleva el nombre de sus hermanos Segundo y Santiago mantiene viva en Valladolid la llama de la cultura a través de las interesantes actividades que regularmente organiza. 


jueves, 12 de noviembre de 2009

Aminatou Haidar: sólo una mujer




Una mujer sola, torturada, presa durante años en las cárceles marroquíes, es hoy una mujer frágil y enferma. ¿Cómo puede ser tan peligrosa? ¿Quién puede temerla?, ¿Acaso un rey tan rico y poderoso? ¿Cómo puede tenerle tanto miedo hasta el punto de vulnerar sus derechos básicos y abandonarla a su suerte?, ¿Cómo puede exigirle  que pida perdón por defender la tierra donde ha nacido? Pedir perdón por una vida en defensa de sus principios e ideales, que también son los de su pueblo. Los ciudadanos de a pie no la conocíamos hasta ahora, mas de pronto, al contemplar la tragedia que se cierne en torno ella, nuestro asombro se acrecienta día a día, ya que no podemos entender cómo los Gobiernos de los países más poderosos de la tierra, cómo la Unión Europea o Estados Unidos, que hablan siempre  de la defensa de los derechos humanos, no pueden defenderla  exigir la solución de la causa justa de una bellísima mujer sola y enferma. Fue Chateaubriand quién dijo que  tarde o temprano llega la historia para vengar a los pueblos  de la iniquidad de los poderosos.

Aminatu Haidar es un símbolo ya para la historia de las mujeres  y de la justicia, el emblema en el que se representan los derechos de un pueblo. Quizás algunos poderosos pasen también a la historia por la venganza de un símbolo, pues, si la Historia es lenta, nunca equivoca su destino. Por eso, Sr. Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno de España, de la antigua potencia colonizadora de ese territorio, no olvide la defensa del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui de acuerdo con la legalidad internacional. Más aún, aproveche la oportunidad histórica que le brinda Aminatu Haydar, para respaldar su causa, que es la del pueblo saharaui,  y pasar a la historia por defender la justicia frente a la iniquidad. Ahora es el momento de que quienes ostentan el poder en nuestro país sean fuertes frente a los fuertes y  generosos frente a los débiles: ese gran axioma de Bertrand Russell  con el que  Alfonso Guerra nos felicitó las Pascuas hace ya tiempo. Así lo hizo nuestro país vecino Portugal en la defensa de su ex colonia Timor-Leste frente a Indonesia y se ganó el respeto internacional.

 En realidad Aminatou es un símbolo de la libertad que guia a un pueblo sin derechos, perdido en el desierto y que desde 1885 hasta 1975 fue y se sintió español. de los derechos del Pueblo del Sáhara por ver el mar, por pescar en su mar, por volar libres en el cielo del mundo. Ahora que la conocemos, es un símbolo de libertad.


martes, 3 de noviembre de 2009

De la Semana a la Seminci

              A los diecisiete, en el otoño, llegó para mí por primera vez la Semana Internacional de Cine Religioso y de Valores Humanos de Valladolid. Otra época, recuerdos que permanecen al calor de una experiencia inolvidable. Se celebraba en el desaparecido Cine Avenida, al que la sociedad vallisoletana accedía al caer la tarde con sus mejores galas, mientras  mis amigos y yo esperábamos pacientemente a la puerta, para, tras intentarlo, lograr entrar gratis en la sala. Ese mismo día, mientras, sin entrada, buscaba una butaca vacía, y los espectadores se esforzaban en seguir la traducción con auriculares, la sala se incendió de repente con los sonidos impactantes de las Carmina Burana de Carl Orff, creando un entorno mágico mientras en la gran pantalla un náufrago llegaba a una isla en medio de la noche de tormenta. La película era en sueco sin subtítulos. Bastaban la música y el paisaje. El llanto estalló de emoción en mis ojos, el llanto toda la película. El acomodador me llevó a un asiento, sin preguntar nada. Nadaba en lágrimas. Descubrí entonces a Ingmar Bergman, a Andrzej Wajda, a Luchino Visconti, a Pier Paolo Passolini, a Federico Fellini. Los mejores.

Hoy, Valladolid aparece inundado de cine en  este tiempo de primavera  declinante, que es ya otoño. Valladolid lleno de cinéfilos, vallisoletanos y foráneos, jóvenes y mayores, todos atando cabos, buscando las citas inexcusables, las sorpresas inesperadas. Volver a la Seminci, seguir persiguiendo el sueño de sentir la emoción, la emoción del paisaje, de la música, del dolor, del amor, despertar en la quietud de la sala a otros mundos,  navegar con la imaginación y abrirse a sensibilidades insospechadas. Aunque presto especial atención a “Tiempo de Historia“, el hecho de seguir con curiosidad cuanto se programa me permite sobrevivir al mundo que me rodea a la par que comprenderlo mejor. Este año con alfombra roja de guía, que recorre las calles y te lleva puntual a las salas, estrenando el Teatro Zorrilla.  Las gentes del cine se distinguen en la mirada perdida, en el andar por la calle, de manera informal, libres, y con frecuencia ilusionados. Es fácil encontrarse con estos o aquellos y sorprenderse en los encuentros, descubrir los rostros conocidos que no aciertas con seguridad a situar en el espacio. Aunque no cruces su mirada, están aquí.


Desde la Semana a la Seminci. En la Semana era casi imposible acceder a las entradas, sus precios no estaban al alcance de jóvenes y estudiantes, dominaba el protocolo, pero, aún así, lográbamos entrar y descubrir una mirada de belleza al exterior que conmovía, el cine ya era una pasión. En la Seminci, tantos descubrimientos,  con entradas a precios asequibles, tantas salas abiertas, horarios flexibles,  que permiten acceder a las múltiples exhibiciones, los encuentros, debates, foros. Sólo las miradas se quiebran en la inauguración o clausura, pero el resto de la Semana el espectáculo está abierto y todo cuenta, mientras la pantalla transmite ese inmenso caudal de sugerencias que acercan el arte, estimulan la imaginación y mantienen viva la capacidad mágica del cine.