domingo, 20 de marzo de 2022

En defensa de la Enseñanza Pública

 


Concentración en defensa de la Escuela Pública. Valladolid, 19 marzo 2022

Fue en las Cortes de Cádiz cuando se crearon las Escuelas de Primeras Letras. Desde entonces ese lema liberal de la Igualdad sigue estando presente. Hasta ese momento histórico sólo las familias pudientes podían educar a sus hijos en sus casas o en centros educativos religiosos, no siempre de calidad. Los demás niños eran pasto del trabajo desde muy corta edad. 

Fue éste el primer intento de Escuela Pública para todos. Aquella medida de 1812 se mantiene hasta nuestros días, pero si entonces las Escuelas Públicas ocupaban en muchos casos instalaciones precarias, se llevó a cabo por parte del Estado su progresiva mejora. En los años veinte y treinta del siglo XX las construcciones y los equipamientos experimentaron importantes mejoras. En 1857 se crean los Institutos Provinciales de Segunda Enseñanza.






Sin entrar en polémicas los Centros Públicos necesitan en nuestros días urgentes reformas destinadas a la mejora de sus instalaciones, pues muchos de ellos cumplirán en esta década los cien años, lo que hace de esa renovación una medida IMPRESCINDIBLE.

Recientemente la Consejera de Educación de la Junta de Castilla y León afirmaba que los Fondos Europeos debían dedicarse a la equiparación salarial de los profesores de la Educación Pública y los de la Concertada. Ante esta sugerencia yo pregunto: ¿Para cuándo deja usted, señora consejera, la equiparación de las instalaciones y las dotaciones entre ambos sistemas educativos, teniendo en cuenta que también los alumnos de la Pública tienen derecho a unas infraestructuras adecuadas y modernas?

Debe usted visitar esos Centros, señora consejera, y también le conviene saber, a modo de ejemplo, que cuando los niños y las niñas de la Pública se caen haciendo Gimnasia se hacen daño cuando los de la Concertada no se lastima ya que disponen de un suelo que amortigua la caída. Estas mejoras, a los que los alumnos y alumnas tienen derecho, son OBLIGACION institucional.




jueves, 20 de enero de 2022

La deuda de Valladolid y España con Faustino Antonio Camazón

 



Todos sus compañeros extranjeros y quienes colaboraron con ellos han sido justamente honrados y reconocidos. Calles, estatuas, placas les han sido dedicadas como testimonios evocadores que perpetuasen la memoria de un equipo de ciudadanos europeos a los que tanto debe la consolidación de la democracia europea debida a  la inteligencia y el enorme esfuerzo realizado durante la Segunda Guerra Mundial. Mas en ese grupo las acciones desplegadas por los españoles permanecen aún sumidas en el desconocimiento que alimenta la indiferencia y el olvido. Me refiero a los siete ciudadanos españoles que participaron activamente, y con resultados espectaculares, en el descifrado de los códigos encriptados que los nazis utilizaban mediante la máquina electromecánica Enigma de cifrado rotativo.  

Dentro de este grupo cobra especial relevancia la labor llevada a cabo por Faustino Antonio Camazón Valentín como una de las figuras más destacadas en la historia del espionaje europeo. Nacido el 5 de junio de 1901 en la calle de Las Damas en Valladolid (averiguación realizada por mí en el Registro Civil), su experiencia vital pone al descubierto las cualidades de una personalidad muy audaz e inteligente, intensamente implicada en actividades de alto riesgo que al propio tiempo requerían de una sólida formación técnica, así como de un alto de nivel de discreción que le ha mantenido en un olvido aún no suficientemente despejado. 



A falta de elaborar una biografía pormenorizada del personaje, son conocidas las alusiones al carácter intrépido que demostró desde la juventud, cuando a los 12 años embarcó como polizón en un barco con destino a Colombia, de donde fue repatriado por su familia para instalarse en Madrid. Durante los estudios realizados en la capital de España puso al descubierto grandes cualidades para el conocimiento de los idiomas y del lenguaje matemático, vertientes ambas que habrían de constituir los pilares de su formación y de sus aportaciones a la criptografía, en la que, con carácter pionero, logró acreditarse como un extraordinario y eficaz especialista.

Sobre estas bases se asienta una coherente trayectoria profesional que, iniciada en la Policía madrileña, se centró posteriormente en el servicio secreto español en el Norte de África, que le condujo al aprendizaje del árabe y al establecimiento de relaciones con los servicios secretos franceses para afianzarse como alto responsable de las tareas de inteligencia durante la Segunda República española y la guerra civil.  En plena contienda (1938) conoció en Barcelona a la que habría de ser su esposa, la enfermera María Cadena, de origen oscense y fue también en ese escenario en el que tomó contacto directo con el funcionamiento de las máquinas Enigma diseñadas y utilizadas por el ejército alemán para el envío de mensajes criptados orientados a las operaciones de la Legión Cóndor. Tras la derrota de la República, huyó a Francia, donde formó parte del conjunto de españoles hacinados en los campos de concentración de Argelés-sur-Mer.




 Con la ayuda de los franceses -  gracias a la iniciativa de Gustave Bertrand que le eligió para coordinar el grupo de criptógrafos (y  mantenerle tras la IIGM en los servicios de inteligencia de Francia) -  pudo abandonar ese lugar para realizar a partir de entonces una intensa actividad que, organizada en un equipo formado por españoles, franceses y polacos, se dedicó a una tarea esencial: la reconstrucción y organización de una Oficina – Equipo D -  diseñada específicamente con el fin de descifrar los mensajes logísticos transmitidos por los nazis mediante el uso de la máquina Enigma, que constituyó un elemento esencial en la estrategia militar del ejército nazi, ya que de ella dependía el funcionamiento de todos los organismos relacionados con las actividades bélicas y de espionaje. Conviene reseñar que fue en la guerra civil española cuando por vez primera vez se utilizó Enigma a raíz de la venta al ejército franquista de varias máquinas con la intención de verificar su eficacia real.

La posibilidad de desencriptar todo ese decisivo caudal de información abrió un enorme campo de posibilidades para la actuación de los ejércitos aliados, dado el grado de eficacia alcanzado y a pesar de las vicisitudes vividas por el equipo responsable de esa función, y que obligaron a traslados –de Francia a Argelia para regresar posteriormente a Montpellier y de nuevo a África - con elevado nivel de riesgo. Mas ello no impidió mantener la continuidad del trabajo de criptoanálisis que supuso el entorpecimiento de la estrategia militar alemana, dificultando muchas de las operaciones de ataque y destrucción programadas y haciendo posible que el conflicto bélico tuviera menos duración en el tiempo. Tras la guerra, se le brindó la posibilidad de integrarse en los servicios de inteligencia de Estados Unidos, oferta que declinó para incorporarse, en cambio, al Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia, con atribuciones relacionadas con España y América Latina.

Jubilado en 1968, regresó a España para instalarse en la ciudad de Jaca, donde falleció el 19 de octubre de 1982. Desde entonces, y haciendo uso de una enorme discreción sobre la experiencia vivida, su figura ha quedado difuminada, más allá de las alusiones puntuales a su obra recogidas en publicaciones dispersas y en valoraciones rigurosas como la realizada por el profesor Arturo Quirantes, profesor de Física de la Universidad de Granada.

Es Faustino Antonio Camazón un personaje digno de reconocimiento expreso en el año en que se conmemoran las cuatro décadas de su fallecimiento. Un reconocimiento que correspondería efectuar en su ciudad natal, para que deje de ser, al fin, “un tal Camazón” o” el matemático olvidado de Valladolid”. El excelente documental “Equipo D:los códigos olvidados”, realizado por Jorge Laplace y elaborado con la colaboración del historiador José Ramón Soler y de los matemáticos Manuel Vázquez Lapuente y Paz Jiménez Seral, y dado a conocer en la Semana de Cine de Valladolid 2019, aporta un argumento adicional a esta propuesta, a la que me he comprometido.

Publicado en El Norte de Castilla 18.enero.2022

viernes, 1 de octubre de 2021

Exposición de Poesía Visual de Tomás Salvador González en Segovia

 

En la soledad de la sala me embarga una emoción casi perdida. Me siento como si estuviera velándote, aquí, Tomás, rodeada de tu obra tan hermosa y oyendo tu voz, que me envuelve irrepetible ya en tu dolorosa ausencia. 





Me siento tan lejos y a la vez tan cerca de aquel tiempo nuestro, lleno de recuerdos imborrables de nuestra vida.

Nunca te dije la emoción que siento y he sentido siempre con la belleza de tus versos y poemas que cuentan de forma tan hermosa los momentos, incluso los más dolorosos, de nuestra infancia en la ALDEA, tan lejana ya. 







Instalados en la incertidumbre de la desoladora ausencia de tu presencia tan querida. Es ahora cuando tu obra escrita, tu poesía visual, "para ser vista sin dejar de ser leída", cobra más fuerza, es la certeza de tus palabras, de tu pensamiento, de tus recuerdos que son también los míos, los de todos, los nuestros, los que definitivamente nos consuelan. 

Y, como tu decías: "para resistir conversaciones entre amigos". 





Fue un placer encontrarme con Eloisa, que viajó desde Bilbao para ver la Exposición 

Todo esto y mucho más recoge esta magnífica Exposición que incluye talleres para niños y adultos, así como la presentación del documental "El Tiempo Robado" y la presentación de los libros "De Aleda a Aldea" y "Restos de Infancia", en la Casa de la Lectura de Segovia 


lunes, 27 de septiembre de 2021

Una exposición memorable sobre Emilia Pardo Bazán

 


En el Bachillerato apenas aprendí su nombre. Ningún texto, ningún libro, sólo su nombre. Más tarde, en el cine, descubrí Los pazos de Ulloa y los leí, y en ellos aprendí la frase que dice “la aldea, cuando se cría uno en ella y no sale de allí jamás, envilece, empobrece y embrutece“. Es una idea que no he olvidado y así he valorado siempre la importancia del saber, del estudio, de la educación, descubrir el mundo. También por entonces leí La Dama Joven y la pasión que marcó mi interés por descifrar el paisaje. Es un libro que formaba parte de la variada y rica biblioteca de mi padre, que tanto nos enseñó a mis hermanos y a mí.



Pero me faltaba descubrir la pasión de su vida. La imponente biografía que he leído de Isabel Burdiel me ha llevado a la Exposición de la Biblioteca Nacional dedicada a Doña Emilia Pardo Bazán en ese magnífico edificio situado en el Paseo de Recoletos de Madrid, que la Biblioteca Nacional comparte con el Museo Arqueológico Nacional. Salas en penumbra rodeada de la luz de su pensamiento.



Sui obra y su vida envueltas en su poderosa inteligencia, en esa pasión luminosa que contra todos los vientos y mareas de su tiempo y de todos los que se concitaron contra ella, prevalece luminosa su obra, su visión clara del mundo, una pionera en su vida y en su obra extensísima que lo abarca todo. La lectura de sus textos revela el ímpetu de su carácter, la fortaleza de su personalidad y su inequívoca posición defensora de las ideas en las que firmemente creía. 






Han pasado ya 100 años de aquel 1921 y seguimos descubriendo la claridad y la pervivencia de su pensamiento.

Mientras la visitaba he recordado las palabras de mi hermano, el poeta Tomás Salvador, cuando escribió que “dormida, la pasión aguarda. La pasión es un don, el viento deshace las ramas, cultiva la pasión hasta que le salgan raíces poderosas al árbol de la vida”. Este texto enlaza con las bellisimas palabras que Doña Emilia escribió sobre "la pasión", dedicadas a su amigo Federico Bruck en la obra La Dama Joven, editada en 1885, y de la que conservo un ejemplar heredado de la biblioteca de mi padre.    




miércoles, 14 de julio de 2021

Pasaron 500 años


Y el paisaje sigue aquí, aquí donde nos encontramos, entre páramos, cerros, motas, tesos y ataquines, entre encinas y pinares, con los castillos y los pueblos de entonces, con sus nombres hoy todavía.

Pura historia. El tiempo transcurrido no ha borrado la pasión de aquellos días. Entre 1520 y el 23 de abril de 1521, "en abril para más señas", como evoca el romance de "Los Comuneros" escrito por Luis López Alvarez. Villalar en la memoria.



Villalar de los Comuneros. Campa y monolito

Esta mañana entré en ese claroscuro del tiempo, a recorrer el recuerdo de aquellos días y sus gentes, a través de la Exposición (El Tiempo de la Libertad: Comuneros, Quinto Centenario) organizada y presentada en el edificio de las Cortes de Castilla y León con tal fin. Entre objetos de uso común, aún preservados, resplandecen grandes obras de arte, esculturas, tapices, el retrato de la reina doña Juana y las grandes proporciones románticas de la obra de Antonio Gisbert.



Ejecución de los comuneros de Castilla (Villalar, 22 de abril de 1521). Cuadro de Antonio Gisbert(1860). Congreso de los Diputados (Madrid)



Documento de excomunión (31.enero.1521) (Archivo Municipal de Burgos)


Sentencia condenatoria (Archivo General de Simancas) 

He recorrido la exposición en silencio, disfrutando del color de todas y cada una de las piezas expuestas, los restos del pendón, los de la tracería de la puerta del Arco de Santa María de Burgos, el cantoral, monedas, balanzas y cuentas de Simón Ruiz, la belleza del arte y el arte de la guerra, documentos de sentencias a muerte, litigios y perdón real, pero sin duda lo más impresionante son esas peticiones comuneras, atentas a los derechos del común que el tiempo no ha podido borrar.

No se lo pierdan

sábado, 29 de mayo de 2021

Lecciones y señales de la Ciudad Silenciada




 La ciudad deshabitada, un tiempo perdido, la casa como único refugio. La salida incierta. Las calles y los jardines sin pasos, sin cruce de miradas. La distancia en todo recorrido, el silencio solo roto por las sirenas de las ambulancias. 

Las calles vacías, dia y noche, sin ese bullicio de vida, que era lo habitual en nuestras vidas agitadas. 

Este libro de Fernando Manero refleja todo eso y mucho más. Refleja cómo ese mundo perdido en la ciudad se llena de vida en sus ventanas, en el trabajo de lo más necesario, en el recorrido de gentes generosas, que se organizan, que aplauden, que resiste. En fin, la vida en sí, la más querida, la imprescindible, que agradecemos.

Disponible en librerías 



lunes, 3 de mayo de 2021

Reseña sobre un libro interesante




Vidas y cuerpos se deslizan en La Habana entre el pasado y el presente, ese pasado que aguarda en zaguanes y tabernas a la búsqueda de aquel tiempo de incertidumbre y pasión contenida, de riqueza y miseria.

Vidas y viajes que eran huidas de una vida en sí ya perdida. La llegada de aquellos buques a la fotografía de aquel puerto. El puro lenguaje habanero, un recorrido inesperado por los paisajes de La Habana Vieja que conserva en sus casas y calles el pasado contenido en su presente.

La mirada de la pasión sin retorno, a la búsqueda incansable del tesoro que conservan aún sus casas, callejones y plazas, escaleras, libros y luces, hombres y mujeres con ese pasado vivido, inolvidable, los encuentros olvidados de sus amantes, vidas interrumpidas por la Historia y perdidas en el tiempo, que la auténtica mirada de Luis Posadas Lubeiro nos pasea por la isla al encuentro de nuestro propio pasado, que es a la vez el pasado de Cuba, empeñado, como él mismo afirma, en "excavar la memoria de un país. Buscar libros, papeles, asistir a nacimientos de unas historias que creías ya adolescentes, curtidas, casi seniles". Y la verdad es que el esfuerzo le ha cundido, como la obra reseñada demuestra. 

Este es el contexto en que el viven, luchan y se emocionan esas figuras cuya huella perdida se reescribe en este libro, en el que, inmortal, pervive su angustiosa memoria, una memoria que no debe quedar relegada al olvido ni a la indiferencia. El autor es consciente de ello, por lo que, sumergido de lleno en el universo habanero, lo da a conocer con una maestría y una sensibilidad extraordinarias. 

De entrada, el título - El hombre que le bajaba las bragas a La Habana - llama la atención, pero está bien justificado. Surge de la conversación mantenida en uno de sus múltiples encuentros en los lugares donde se palpan y se sienten las expresiones más auténticas de la vida habanera. La experiencia acumulada en este sentido por Luis Posadas es tan  intensa como dilatada. Desde finales de los años noventa del pasado siglo, cuando la isla quedó sumida en las dificultades e incertidumbres del llamado "Período Especial", ha viajado con frecuencia a esa joya del Caribe, tan entrañable para los españoles y tan ligada a su sensibilidad histórica y cultural. 

A la búsqueda de esa sensibilidad, y a través de un infatigable proceso de indagación documental que el autor se empeña en mantener activo sin descanso, Luis Posadas construye su texto a partir de tres relatos, que resultan impresionantes y que sin duda han de cautivar la atención del lector. 

El primero de ellos descubre aspectos esenciales de la personalidad de una figura relevante de las letras españolas. Se trata de Manuel Altolaguirre, el más joven de los escritores de la generación del 27. Le atrae su condición de poeta impresor, de curioso personaje que "recorre los frentes de guerra con una imprenta en lugar de un fusil". Exiliado en La Habana, sus vivencias se abren a un nuevo mundo de relaciones (con las figuras de Francisco Hernández Maydagán o Marcela León Arce, entre otros, en posición destacada), que el poeta entrelaza en medio de un panorama marcado por la transformación política de Cuba que culminará en la Revolución del 26 de julio de 1959, por las mismas fechas en las que, ya en España, Altolaguirre pierda la vida en un accidente de tráfico ocurrido en Burgos. 

En el segundo relato, bien enlazado con el anterior, Luis Posadas se centra en las circunstancias que rodean la vida de Maydagán, un cubano que luchó con la República Española. La documentación que de él obtiene el autor de este libro constituye un sorprendente descubrimiento que aprovecha para profundizar en aspectos que sin duda llamarán mucho la atención del lector. Huelga aquí entrar en detalles. Ha de ser el lector quien los averigüe, analice e interprete. Quedará impresionado. 




Finalmente, la obra incorpora un tercer relato que aliente aún más la curiosidad que esta obra suscita. "La bandera de Machado", tal es el título. Las páginas a él dedicadas describen la propia peripecia personal del autor en las calles y en los recovecos de la capital cubana. Son descripciones curiosas, llamativas y reveladoras de un afán constante por no perder detalles de cuanto le rodea y de cuanto afecta a la sociedad con la que se relaciona. De pronto aflora la sorpresa: está asociada a un personaje - Roberto Dorado- al que la casualidad coloca en los epígrafes de la historia de los últimos momentos de la República Española. El hecho de encontrarse en la villa francesa de Collioure el 22 de febrero de 1939 y de acercarse al hotel donde acababa de fallecer Antonio Machado contribuye a resaltar el singular episodio con el que esta obra culmina. Otro aliciente para el lector. 

Estamos ante una obra importante, un libro curioso que merece la pena leer para sumergirse en los numerosos y, a veces, increíbles detalles que encierra. Acompañado todo ello del interesante material gráfico que ilustra los aspectos abordados en la obra y de un llamativo, a la par que útil,  "Pequeño Diccionario Cubano-Español", el libro que nos ocupa destaca por una singularidad que justifica con creces la lectura.